Al comprar un lomo de bacalao o elegirlo en la carta de un restaurante, la clasificación importa más de lo que parece: orienta sobre su contenido graso, su textura y la mejor forma de cocinarlo. La duda de si el bacalao es pescado blanco o azul tiene una respuesta clara, aunque conviene distinguir entre el producto fresco, el salado y el propio hígado. Aquí encontrarás la explicación práctica, sus diferencias nutricionales y algunos consejos para aprovecharlo mejor en la cocina.
La respuesta rápida para elegir y cocinar mejor
- El bacalao es pescado blanco, también llamado pescado magro.
- Su carne fresca suele contener alrededor de un 1 % de grasa, aunque la cifra puede variar.
- La grasa se concentra sobre todo en el hígado, no en el músculo del lomo.
- El bacalao salado no se convierte en pescado azul, pero sí cambia mucho su contenido de sal.
- Para cocinarlo bien conviene proteger su carne magra con aceite, salsa o una cocción suave.

El bacalao pertenece al grupo de los pescados blancos
La respuesta corta es sencilla: el bacalao fresco es un pescado blanco. En España también se clasifica como pescado magro porque su carne contiene poca grasa en comparación con especies como el salmón, la sardina, la caballa o el atún.
Esta clasificación depende principalmente de la cantidad de grasa presente en el músculo. De forma orientativa, los pescados blancos tienen menos de un 2 % o 3 % de grasa, mientras que los azules suelen superar el 5 %. Los límites pueden cambiar ligeramente según la guía nutricional consultada, la especie, la época del año y la parte analizada.
El bacalao del Atlántico, conocido científicamente como Gadus morhua, encaja claramente en el primer grupo. AESAN incluye el bacalao entre los pescados blancos y lo sitúa junto a alimentos como la merluza, el rape, el gallo y el lenguado.
Por qué tiene tan poca grasa
El bacalao almacena buena parte de sus reservas lipídicas en el hígado, en lugar de acumularlas en la carne. Por eso su lomo es blanco, firme y relativamente magro, mientras que el aceite de hígado de bacalao es un producto mucho más graso.
Este detalle explica una confusión bastante habitual. Que el hígado sea rico en grasa no cambia la clasificación del filete: cuando hablamos del bacalao como pescado blanco, nos referimos a la carne que comemos habitualmente.
Qué diferencia hay entre bacalao fresco y bacalao salado
El proceso de salazón modifica la conservación, la textura y el sabor, pero no transforma un pescado blanco en azul. Un lomo fresco y ese mismo lomo después de salar siguen procediendo de la misma especie y mantienen la misma clasificación gastronómica.
Lo que sí cambia de forma importante es la cantidad de sodio. El bacalao salado puede contener una concentración elevada de sal hasta que se desala correctamente, de modo que no conviene valorar sus propiedades nutricionales sin tener en cuenta el tratamiento recibido.
| Formato | Qué lo caracteriza | Qué conviene controlar |
|---|---|---|
| Bacalao fresco | Carne magra, sabor suave y textura firme | Evitar una cocción excesiva para que no se reseque |
| Bacalao salado | Sabor más intenso y mayor capacidad de conservación | Desalarlo en frío y controlar el sodio |
| Hígado de bacalao | Parte especialmente grasa y rica en sabor | No confundirlo nutricionalmente con el lomo |
Cómo desalarlo sin estropearlo
Para una pieza gruesa, suelo calcular entre 24 y 48 horas de desalado; los lomos muy altos pueden necesitar más tiempo. Hay que mantener el bacalao cubierto de agua en el frigorífico y cambiarla cada 8 o 12 horas.
El grosor manda más que el reloj. Antes de cocinarlo, probar una pequeña lasca es la forma más segura de comprobar el punto. Enjuagarlo rápidamente no sustituye al desalado, porque la sal penetra en el interior de la carne.
Cómo se compara con el pescado azul
El pescado blanco y el azul no son categorías de calidad. Describen sobre todo la cantidad y la distribución de la grasa. Un bacalao bien tratado puede ofrecer un resultado gastronómico extraordinario, aunque tenga menos grasa que una sardina o un salmón.
| Aspecto | Bacalao blanco | Pescado azul |
|---|---|---|
| Grasa habitual | Generalmente inferior al 2 % o 3 % | A menudo superior al 5 % |
| Sabor | Suave y limpio | Más intenso y persistente |
| Textura | Firme, laminada y delicada | Más untuosa por su grasa muscular |
| Ejemplos | Bacalao, merluza, rape y lenguado | Sardina, caballa, salmón y atún |
El bacalao aporta proteínas de buena calidad y cierta cantidad de ácidos grasos omega-3, aunque normalmente menos que los pescados azules. Por eso no tiene sentido enfrentar ambos grupos como si uno fuera saludable y el otro no: lo recomendable es variar las especies dentro de una alimentación equilibrada.
Qué implica esta clasificación en la cocina
Al tener poca grasa en el músculo, el bacalao agradece las preparaciones que aportan humedad o grasa externa. El pilpil, el ajoarriero, la salsa vizcaína, el aceite de oliva y una cocción al vapor bien controlada funcionan precisamente por eso.
Las mejores técnicas para conservar su jugosidad
- Horno suave, entre 180 y 200 ºC, vigilando el punto para que las lascas se separen sin resecarse.
- Confitado en aceite, una técnica ideal para conseguir una textura melosa sin dorar en exceso la carne.
- Guisos cortos, incorporando el bacalao al final para que no hierva durante demasiado tiempo.
- Plancha moderada, secando bien la superficie y evitando mover el lomo continuamente.
Mi criterio es sencillo: si el bacalao queda seco, casi siempre ha pasado una de estas dos cosas, exceso de temperatura o exceso de tiempo. No hace falta cubrirlo de ingredientes; basta con respetar su estructura y añadir el punto de grasa o salsa necesario.
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Cómo reconocer un buen lomo
En el bacalao fresco, la carne debe verse firme, brillante y nacarada, sin zonas apagadas ni olor intenso. Las lascas deben estar bien definidas y no deshacerse al tocarlas, aunque una ligera humedad superficial es normal.
En el bacalao salado, las piezas deben presentar un color uniforme y una carne compacta. Las manchas amarillentas, el olor rancio o una textura excesivamente blanda son señales para buscar otra opción.
Errores frecuentes al interpretar el bacalao
El primer error consiste en pensar que todo lo relacionado con el bacalao tiene poca grasa. El lomo es magro, pero el hígado es diferente y algunos preparados pueden incluir aceites, salsas o rebozados que elevan notablemente el aporte energético.
Otro fallo es considerar que el bacalao salado resulta ligero solo porque pertenece al pescado blanco. Su contenido graso puede seguir siendo bajo, pero el exceso de sal merece atención, sobre todo en personas con hipertensión o con una dieta restringida en sodio.
También conviene revisar la etiqueta cuando se compra bacalao congelado o desalado. El agua añadida, los aditivos y el grado real de desalado pueden cambiar el rendimiento en la sartén y el sabor final del plato.
La elección correcta depende del plato y de la dieta
Para una receta delicada, elegiría bacalao fresco y una cocción corta. Para un guiso tradicional, el salado aporta una profundidad de sabor difícil de imitar, siempre que se desale con paciencia y se ajuste la sal de la salsa al final.
En definitiva, el bacalao es un pescado blanco y magro, con una carne versátil que puede pasar de una preparación sencilla al horno a elaboraciones gourmet como un pilpil bien ligado. La clave está en no confundir su baja grasa muscular con ausencia total de grasa ni olvidar que el formato salado exige controlar especialmente el sodio.
